El ser humano es extremadamente complejo y aunque todos tenemos programas rutinarios instalados, no somos autómatas que siempre funcionamos de la misma manera y tampoco reaccionamos de la misma manera ante un mismo estímulo. Somos seres cambiantes y por eso es tan difícil “leer la mente” del otro y que nos lean la nuestra. Estamos en conflicto si el otro no es capaz de leer la mente, cuando sería tan fácil comunicar lo que nos pasa. Es más fácil decir lo que uno desea y de esa manera generar dos opciones, lo obtengo o no lo obtengo, pero no estoy en el juego de la adivinanza poniendo en juego mi reacción emocional sobre algo que el otro ni se ha enterado. Por ejemplo: “Me deprimo porque no me trajo flores, y yo quería flores….” (no fue capaz de leer la mente) y por lo tanto me enojo, lloro, le reclamo, o me quedo callada y empiezo a acumular rencores de los cuales el otro ni enterado está. Cuando hubiera sido mucho más fácil pedirlas y seguramente obtenerlas.
En este mundo donde todo va tan rápido ya no tenemos tiempo de expresarnos con claridad y con la extensión necesaria. Abreviamos la información y caemos en la trampa de “imagina lo que falta del mensaje”, lo que no dije. Decimos las cosas a medias, y nos las dicen a medias. Adivinamos el resto. Aunque desarrollemos una gran capacidad de observación y percepción, será imposible meterse en la mente del otro. Suponer que sabemos lo que el otro piensa, o lo que le pasa, es el error máximo que podemos cometer. Se ha llegado a una flojera mental y verbal donde ya no preguntamos, quizá por miedo también.
Algunas de las preguntas o impugnaciones que PNL recomienda que hagas y, así evites leer la mente cuando no tienes toda la información, son:
- ¿Cómo sabes? (X está enojado, quizá tiene migraña)
- ¿En qué te basas para decir eso? (Jorge dirá que no)
- ¿Cómo sabes que sé? (tú sabes lo que quiero)
- ¿Exactamente qué te pasa? (estoy desesperada)
- ¿Cómo sabes que una cosa significa otra? (el bostezo = el aburrimiento)
- ¿Ya le preguntaste? (a Jorge sobre la fiesta)
La PNL propone que aprendamos a aprender y que desaprendamos lo que no nos ha funcionado en nuestras vidas. Aprender a preguntar es un arte que nos llevará a una tranquilidad en la comunicación. El preguntar implica un riesgo, nos pueden decir que “no”. Sin embargo de allí no trasciende a más. El suponer que sé u obligar al otro a que sepa lo que quiero es un juego mucho más riesgoso que nos puede llevar a disgustos fuertes.
Por lo tanto “leer la mente” es una actividad con la que debemos tener mucho cuidado y nos ahorraremos mucha energía si simplemente hacemos la pregunta adecuada en el momento preciso; y por otro lado si aprendemos a expresarnos con claridad incluyendo todos los detalles que hemos elaborado mentalmente.