“María bosteza en la reunión, ha de estar aburrida.” (Maria tuvo que cuidar a su abuelita que está enferma y pasó la noche en vela.) Mejor cuestionar qué le pasa y así aclarar los bostezos.
“No invites a Jorge a la fiesta, va a decir que no”. ¿Cómo sabes que va a decir que no? ¿De donde sale tanta seguridad sobre la decisión de otra persona? ¿En qué te basas para decir que va a decir que no?
El problema más grande de leer la mente, es que creemos que es real. Culpamos al que no nos saludó y decimos que María es una floja que siempre tiene sueño y que Jorge es un aguafiestas. Construimos historias falsas en nuestra mente y algunas pueden llegar a ser dramáticas y, además, después las esparcimos a nuestro alrededor.
Cuando leemos la mente, casi siempre se trata de algo negativo. Rara vez leemos la mente en positivo, piénsalo por un momento. Esto también es un peligro para nuestra propia salud mental ya que nos envenenamos con ideas falsas que convertimos en verdaderas.
Otro problema con “leer la mente” es que interpretamos el mundo exterior con nuestro “mapa” (ver artículo: El Mapa Mental y la Realidad) desde nuestro punto de vista, desde nuestras experiencias y limitaciones y no tomamos en cuenta la realidad ni las miles de opciones posibles. María puede bostezar por mil razones que no voy a enumerar, pero da la casualidad que yo sí sé la razón, aunque apenas conozca a María. Como yo bostezo cuando estoy aburrido, pues lo mismo sucede con el prójimo. Y este criterio no tiene validez.
La segunda parte sobre “leer la mente” es que como yo puedo leer la mente, espero que los demás también lean mi mente; es decir, espero que sepan lo que deseo, qué me pasa, lo que pienso sin necesidad de hablar. Nuestra falta de una comunicación precisa, fuerza al otro a adivinar o a no darse cuenta de lo que le pasa a uno. Reacciones como: ¿no te das cuenta cómo estoy? ¡Estoy desesperada y tú no te das cuenta! Es casi argumentar que no lee alguien la propia mente. Existen personas menos perceptivas y no por eso están mal, hay que comunicar lo que nos afecta y nos molesta para poder recibir una respuesta adecuada.
Otro ejemplo más sencillo puede ser: ¿Qué quieres para tu cumpleaños? Y el otro en vez de contestar amablemente e informar lo que quiere, le responde: “Ya deberías saber lo que me gusta.” Las personas que usan estos modelos obligan a los otros a adivinar, a “leer la mente” y a ver si le atinan. Si no acierta entonces se aprovecha el error para culparlo por tener poco conocimiento del otro, por no darse cuenta, por no entender, por no interesarse en lo que al otro le gusta, etc. Y esto puede llevar a disputas muy serias. Para no caer en este juego, lo más aconsejable desde el punto de vista de PNL es preguntar por segunda vez y si es necesario una tercera vez para tener una idea clara y veraz de lo que quiere el otro.