Hay dos clases de inteligencia: la congnoscitiva que reside en el hemisferio izquierdo, y la emocional que reside en el hemisferio derecho.
El hemisferio derecho donde reside la inteligencia emocional es el más antiguo, el que desarrollaron al principio los primeros hombres. Ellos aprendieron a través de emociones y sentimientos, de sus experiencias y vivencias. Aprendieron que si se acercaban al fuego se quemaban. Si comían ciertos frutos se enfermaban. Si se metían al agua profunda se ahogaban. Si no se cubrían durante la época de nieve, podían morir, etc. Con las emociones en marcha, su aprendizaje se hacía más rápido.
El Dr. Armando Lozano explica claramente en uno de sus libros, que el hemisferio derecho donde reside la inteligencia emocional, es la parte sabia de nuestra personalidad donde se encuentran las emociones de nuestras vivencias y es como un gigante ciego, inmenso y poderoso pero sin dirección. Y el hemisferio izquierdo es el que da nombre, rumbo y dirección a nuestras emociones, es el enano con una vista privilegiada que se sube a los hombros del gigante y lo dirige.
Nuestra felicidad se basa en saber equilibrar nuestros dos hemisferios. El izquierdo donde reside nuestra inteligencia cognoscitiva, donde se encuentra la información, el análisis, la memoria, la teoría, la lógica, el conocimiento; y el hemisferio derecho donde se encuentra nuestra inteligencia emocional, el abstracto, el de los sueños, el de los sentimientos, el holístico, el creativo y donde surgen los valores vividos. Ejemplo de esto puede ser la Prima Donna que para ser una bailarina exitosa, pone en marcha la parte izquierda de su cerebro, donde se encuentra la coordinación de sus movimientos, la enseñanza de la pieza que está interpretando, su memoria, etc. Y su hemisferio derecho donde se encuentra la sensación de la música, el dejarse llevar al ritmo de ella, el crear su propia experiencia y disfrutar plenamente de ella. Es el gigante ciego y poderoso guiado por el enano en sus hombros que lo dirige y lo guía hacia su objetivo.
Tenemos que darnos cuenta que todos contamos con dos hemisferios y que hay que aprender a equilibrarlos.
Para lograr lo anterior, hay que aprender primeramente a reconocer nuestros sentimientos. Saber qué nos pasa y reconocerlos como lo que son: enojo, tranquilidad, miedo, seguridad, etc. Para lograr esto, hay que empezar a respirar profundamente. Si yo tengo un sentimiento negativo, tengo que saber qué me pasa y cambiarlo por el que necesito, por su contrario. Un ejemplo de esto sería que cuando yo me enojo, al darme cuenta respiro profundamente, me pregunto para qué me sirve el enojo y al ver que no me sirve para nada bueno, trato de cambiar mi emoción por tranquilidad, pensando en algo diferente que me lleve justo a esta emoción que necesito. Si tengo miedo, me pregunto para qué me sirve esta emoción llegando a la conclusión que solo me paraliza, entonces respiro y pienso en algún momento donde fui valiente y salí adelante. El siguiente ejercicio te puede ayudar:
- Piensa e identifica el sentimiento negativo que tienes en este momento. Dale nombre, puede ser enojo, coraje, intranquilidad, rencor, impaciencia, inflexibilidad, miedo, inseguridad, intolerancia, etc.
- Fíjate en qué parte de tu cuerpo se manifiesta con más fuerza.
- Ahora piensa en el sentimiento contrario al que detectaste, piensa si es tranquilidad, perdón, paciencia, flexibilidad, valor, seguridad, tolerancia, etc.
- Con tus ojos cerrados, piensa en algún momento en tu vida donde viviste este recurso. Revívelo intensamente. Observa dónde te encuentras, qué está sucediendo en ese momento, qué escuchas y respirando profundamente siente esta emoción positiva.
- Ubícala en tu cuerpo y toca esa parte. Vuelve a respirar profundamente. Gózala por unos segundos.
- Ahora piensa en la situación negativa pero ya con tu nuevo sentimiento y nota cómo baja la intensidad del primero. Hay ocasiones en que ya no aparece esta sensación negativa.
Esta es la manera de manejar mi inteligencia emocional, dejando que el gigante poderoso e inmenso que no puede ver sea guiado por el enano que posee una vista privilegiada, que conoce el camino y que siempre me llevará a puerto seguro, a cumplir con mis objetivos y mis metas.
Aprendamos a ser flexibles manejando nuestras dos inteligencias. Vivamos la vida plenamente, sabiendo lo que podemos hacer y ya dejemos de sufrirla.