El hombre por naturaleza necesita sentir poder. Poder para reafirmarse como un ser humano capaz de lograr grandes cosas. Este poder inmerso en nosotros fácilmente se puede desvirtuar.
La mayoría de las personas no entienden realmente el significado del poder. Muchos se dejan manipular por personas con un carácter más fuerte que el suyo, a consecuencia de una baja autoestima, estas son personas que no tienen metas propias y andan buscando adherirse a alguien o que otra persona les dé un sentido a su propia vida. Este tipo de gente es presa fácil del poder de alguien más.
O por el contrario, las personas pueden tomar el poder para subyugar a los más débiles en aras de sus intereses personales seduciéndolos, de tal manera que logran convencerlos a base de promesas y logrando que adopten su objetivo como propio. Un ejemplo es Hitler y su gran poder de convencimiento, el cual logro convencer a toda una nación de que sus objetivos eran válidos sin importar los medios para lograrlo. Desgraciadamente este tipo de “líderes” siempre están y estarán presentes en la historia, así que no todos los que se imponen a otros son buenos líderes.
Ésta manera de ejercer el poder es la de personas peligrosas que engañan, y de alguna manera convencen a otros para que hagan lo que ellas quieren: su propio beneficio. Son las que a través de insultos, agresiones y violencia convencen a personas más débiles que ellos o que están en busca de alguien que los guíe, para actuar como ellos quieren. No importan los medios, sólo importa el fin. Este es el poder que destruye. Ejemplos actuales de ellos son los llamados capos de la droga, pederastas, tratantes de blancas, la mafia, sectas, falsos profetas, charlatanes, entre otros.
El poder entendido ecológicamente (bueno para todos) está lleno de amor, respeto y buenos propósitos. Es cuando alguien está consciente de todo lo que puede lograr a través del amor. Este tipo de poder se ejerce en aras del bien común. Es el poder que construye, que crea. Ejemplo de buenos líderes son Ghandi, Luther King, Jesús, Mahoma, Teresa de Calcuta, por mencionar algunos. Son personas que dieron hasta su vida para lograr sus metas y cuya influencia es eterna, ya que su poder residía en el amor al prójimo. Este tipo de líderes son gente valiente, de convicciones firmes y con una fe enorme, capaz de “mover montañas”.
Actualmente hay infinidad de buenos líderes como los que fundan sociedades de apoyo a los que menos tienen, empresarios honestos que ofrecen fuentes de trabajo, buenos padres de familia, misioneros, etc. Cada uno de nosotros puede ser una persona de bien, y por lo tanto ejercitar su poder en bien de los suyos y de los que lo rodean en su vida cotidiana. La zona de influencia puede ser pequeña en un principio e ir ampliándose cada día, según la conciencia de la persona. Un buen líder usa todos sus potenciales para ser feliz, realizarse e invitar a otros a que lo sigan. Se preocupa, se ocupa actuando y resuelve. Es alguien que se ama y ama a los demás, es alguien contagioso y necesario para que la sociedad camine en aras del bien. Son constructores del bien. Su mayor premio, es la satisfacción propia de lo que van construyendo a través de su vida.