Cada vez que tienes una emoción, no importa si la le prestas mucha atención o no, esa emoción tiene un efecto bioquímico en tu cuerpo. Cuando estás nervioso tu cuerpo puede reaccionar de distintas maneras, pero lo más probable es que te suden las manos, si la reacción es fuerte, tal vez tiemble la voz o incluso tiemble alguna parte del cuerpo. Con el enojo te puede faltar el aire, la sangre corre a la cabeza y fluye la adrenalina. En otras ocasiones la tristeza, la decepción, el fracaso, pueden hacerte sentir ganas llorar y un terrible agotamiento. El cuerpo reacciona a las emociones en cuestión de milisegundos, tal vez ni has notado que estás nervioso hasta que ves tus manos, pero tu cuerpo está al pendiente todo el tiempo.

Por suerte, lo mismo ocurre con las emociones positivas como la alegría, la risa, el amor, la satisfacción entre otras muchas. Seguro ya sabes que sentir estas emociones te llenan de energía, claridad, a veces todo se pinta de colores y te sientes ligero. Estas emociones son las que no sólo quieres lograr, sino que las quieres mantener. Por el contrario, las emociones negativas pueden dañar no sólo tu mente, sino tu cuerpo y a los que te rodean. A estas emociones las llamamos tóxicas, y son las que no quieres seguir experimentando porque en realidad estás sufriendo cuando están presentes.

Las malas emociones, por repetición, crean hábito, y con el tiempo aumentan en frecuencia e intensidad. Se convierten en conductas automáticas que pueden parecer inevitables y pueden parecer, para algunos, una carga definitiva para el resto de la vida. Es a través de la repetición de pequeños desplantes, enojos u otras emociones que puedes llegar al punto en que “no me puedo frenar”, ya “es imposible controlarlas”. Eso se va volviendo una prsión de la cual puede tener la culpa el abuelo o la mamá, porque así te enseñaron, así eran.

Las conductas tóxicas, con el desgaste que producen, logran reducir la efectividad del sistema inmunológico; es por eso que nos generan enfermedades. El sistema inmunológico se inhibe cuando hay enojo, depresión, nerviosismo, estrés, preocupación y todas las demás emociones negativas.

Así van creciendo los problemas, las emociones tóxicas te tienen mal, además vienen las enfermedades, generalmente vienen ahí los gastos y complicaciones con el trabajo o la rutina y aunque logras curarte. Después de un tiempo vuelves a caer en la misma enfermedad o una peor. Y justo, las emociones tóxicas se van volviendo más tóxicas.

El asunto es que ahí no para, las emociones tóxicas, no sólo nos afectan a nosotros, sino a los que nos rodean. El efecto que tienen en los demás es muchas veces de alejamiento, aunque para ti que estás encerrado es imperceptible. Es fácil perderse en la emociones y olvidar por completo cómo se pueden ver desde fuera.

Algunos resultados de esto es que las personas se alejen, porque ya no se es agradable, o incluso porque llegan a tener miedo. El resultado es una personalidad inestables e inconsciente. Casi cualquier ocasión se vuelve perfecta para que esta personalidad explote y agreda, muy justificadamente desde su punto de vista. El hábito toma el control y la otra persona se pierde de vista.

2 Responses to “El daño de las emociones tóxicas Parte II”

  1. Coral von Ruster

    Hola Eb, mira todo es posible, sin embargo, cuando una relación se rompe, si no hay cambios profundos en las personas no va a funcionar.
    Se repetirán las mismas conductas. Se debe dar un cambio de conducta consciente y querer recuperar la relación. También ir a una terapia
    de pareja y promover qué principios le interesa a cada uno para que estén de acuerdo. Sigue conectada con nosotros y comparte.

  2. eb

    Hola, sería posible que dos personas que fueron tóxicas y tuvieron una relación de pareja, y ahora han terminado por todo lo que se hicieron. Cree que se podría recuperar la relación en la cual se perdió como ud lo menciona el respeto, paciencia, y que cada vez por mas pequeño que fuera el detalle se generaba una pelea?