Al surgir la solución al problema, nuestra mente aprende que ya hay otra manera de manejar la tensión del trabajo y se abre un nuevo camino, ya produjimos un movimiento mental hacia lo que queremos y no nos quedamos estancados en una creencia limitante que nos tiene atascados en una conducta que ya no queremos. Aquí es donde nosotros ya podemos hacer un buen uso de nuestro "libre albedrío". Éste se pone en práctica cuando nosotros realmente ya analizamos y generamos las opciones que son mejores para cada uno de nosotros y para los que nos rodean.
Esto es lo más importante del pensar, porque muchas veces la opciones elegidas no son las adecuadas ya que podemos crear caos, herir a terceros, o hacernos la "vida de cuadritos" generando círculos viciosos de conducta o de relación por falta de flexibilidad. Para evitar esto siempre tenemos que pensar en nuestro bienestar y en el de los demás. Éste es el pensar correcto, donde las reglas de conducta, las creencias limitantes y el egoísmo pasan a segundo término y nos empezamos a enfocar en las consecuencias que nuestras decisiones tienen sobre nosotros y los demás. Para esto es prioritaria la pregunta de ¿para qué me sirve a mí esta decisión? ¿Qué consecuencias traería a mi y a mi entorno? Visualizar el resultado, y/o escucharlo, cerrar nuestros ojos y preguntarnos ¿qué siento al visualizar y/o escuchar este resultado? Tenemos que aprender a dejarnos sentir, para poder vivir la situación, en este caso a futuro. Y si esta opción no está enfocada al bienestar mío y al bienestar común debo generar otra con el poder de mi pensamiento, hasta encontrar la correcta.
El problema muchas veces es que al tomar cierta actitud o perder de vista lo que en Programación Neurolingüística llamamos "ecología" (algo bueno para mi y para los demás) nos empezamos a generar sentimientos tales como culpa, rencor, enojo, declaramos nuestras guerras contra los demás y podemos llegar hasta generar enfermedades tales como gastritis, dermatitis, migraña, colitis, etc.
Por último, hagámonos responsables del resultado de nuestras decisiones y contestémonos esta pregunta ¿qué podría pasar si empiezo a pensar sobre lo que pienso?
Razonar en lugar de reaccionar.