Desidia es un término que procede del latín desidia y que se refiere a la negligencia o la inercia. Es por esto que está asociada a la falta de cuidado y a la apatía. De ahí las frases como “No voy a tolerar más tu desidia: limpia tu cuarto o serás castigado”, “Lo que más me molesta en una persona es la desidia para resolver los asuntos que hay que atender de inmediato”.
La desidia puede asociarse a la dejadez, la indolencia, el desgano, el desinterés, la holgazanería, la pasividad y la vagancia. La noción de desidia también puede estar vinculada al abandono, la desatención y las faltas en el cumplimiento de una obligación.
Antesala de la depresión
Es muy fácil hablar de los otros, pero casi todos hemos tenido épocas en nuestra vida en que caemos en este desgano, esa falta de energía en la que damos largas a lo que hay que hacer o enfrentar. La desidia está vinculada con nuestra parte emocional y generalmente se presenta cuando hemos pasado un evento doloroso, fuerte y lleno de estrés que acabó nuestra energía. Aquí es cuando solemos decirnos “qué flojera”, “lo hago después”. Ya no hay motivación.
En otras ocasiones el problema que nos consume está delante de nosotros y no en el pasado, es un problema que no queremos afrontar y del cual no queremos ni pensar, sino olvidarlo por completo. Así caemos en este “inpass”, esta falta de movimiento, ni para adelante ni para atrás.
Esta conducta es altamente nociva para nosotros y para los que nos rodean, ya que se van las ganas de vivir y el siguiente paso es la depresión. Ya no queremos afrontar ninguna situación y nos falta motivación para ello. Se puede decir que la desidia es la antesala de la depresión.
En este mundo todo, absolutamente todo, tiene movimiento. Hasta las piedras tienen átomos que se mueven dentro de ellas mismas. Así que dentro de un mundo en constante movimiento, no podemos permanecer inactivos. Es como morirnos en vida, perder cualquier ilusión, perder el camino por cerrar los ojos.
El mayor problema es lo que pensamos en esos momentos. Lo que nos repetimos, la falta de interés en nuestra vida y en lo que acontece a nuestro alrededor. La pérdida de nuestro rumbo no solo nos daña a nosotros sino también a los que nos rodean y nos quieren.