Las emociones son algo que puede resultar complicado, es como un arma de doble filo. Muchas veces nos pueden dar los mejores momentos, pero también pueden abrir las puertas de algún infiernillo inesperado. ¿De dónde vienen las emociones? ¿Cómo se crean? ¿Cómo llegan a mi? ¿Cómo las controlo? Eso es lo que voy a intentar aclarar desde la perspectiva de la programación neurolingüística en este artículo.
Las emociones resultan algo tan desconocido que mcuhos simplmente usan como respuesta vagas como afirmaciones de tipo “así nací”, “las heredé de mi papá”, “así son los hombres”, “es natural”, entre otros muchas. Todas estas creencias son las que vamos a deshilar para ver qué pasa con estas marcas que nos caracteriza a cada uno en forma individual.
Efectivamente las emociones son parte de la naturaleza del ser humano. Aprendemos de las emociones desde que nacemos y las ejercemos para lograr subsistir, como por ejemplo, lo hace un bebé. Cuando tiene hambre llora para mandar el mensaje porque no se puede alimentar solo. Cuando está incómodo hace lo mismo. Llorar y gritar altera todo su cuerpo y la química. Se pone rojo, caliente y se pone a temblar. Esa es su forma de llamar la atención. Una vez que aprende a hablar, deja esta conducta atrás y empieza con otra.
Al empezar a hablar y pensar con palabras es cuando empezamos a ligar el lenguaje con las emociones. Recuerda que el lenguaje viaja por las neuronas y crea programas de aprendizaje. El tema de Programación Neurolingüística implica que nuestros pensamientos están ligados al lenguaje que a su vez opera las neuronas para mandar un mensaje. Cuando estos mensajes se repiten y se repiten, entonces se da el aprendizaje. En algunas ocasiones estos mensajes pueden tener mucha intensidad y es entonces cuando el aprendizaje es más rápido.
La idea de “heredar” la emocionalidad de alguien es de hecho real, pero sólo en tanto que cada niña o niño modela a las personas de su entorno. Modelan su forma de hablar, sus gestos y también sus emociones. Así aprenden a ser nerviosos, amables, gritones, etc. Para ellos así es el mundo, es lo único que tienen a mano para emular y no conocen nada más. Pero es mejor decir que aprenden a que heredan.
Cuando alguien dice que “así son los hombres” por algún comportamiento emocional, también hace alusión al modelar a los hombres de su infancia o de algún otro periodo de su vida que lo haya marcado. Y así emula su conducta por creer que eso es lo correcto, lo natural. El “así son los hombres” se detona por lo que les dijeron cuando niños: “los hombres no lloran”, “los niños no hacen berrinche”, etc. y por eso reprimen esas emociones.