En terapia y fuera de terapia, observo que hay muchas personas que viven su vida presente, con recuerdos conflictivos del pasado, y los siguen cargando a donde vayan. Estos conflictos del pasado por supuesto que llegan a detonar emociones de tristeza, coraje, ira, decepción, etc. Y por lo tanto, su humor, energía y estado interno es afectado por el tiempo que mantengan este estado activo. Un sólo pensamiento del pasado, puede hacer estragos. Si estos pensamientos negativos se hacen frecuentes e intensos, con el tiempo, causarán enfermedades y ahora tendremos no sólo el conflicto del pasado que cargamos, sino que ahora, le añadimos una enfermedad. Recuerda que entretener emociones negativas inhiben tu sistema inmunológico y quedas desprotegido durante el tiempo que estés en ese estado.

Todos hemos tenido situaciones difíciles y fáciles en la vida. Las fáciles no nos causan problemas y por cómo somos, ni nos acordamos de ellas. Por lo tanto, nos enfocamos en lo malo. Muchos de nosotros, hemos tenido que lidiar con pérdidas, y traiciones. Algunos hemos hecho un mejor trabajo interior y otros menor. Estos conflictos que ya pasaron están en el pasado y sin embargo, gracias a la gran capacidad de nuestra mente, logramos traerlos a nuestro presente, y aparecen a voluntad, frescos como una lechuga, con todos los detalles para detonar la misma emoción negativa que tuvimos originalmente.

A continuación tendrás una técnica para que cada vez que el pasado te asalte por sorpresa, lo puedas controlar y cambiar tu perspectiva a voluntad. De esta manera empezarás a educar tu mente para que sepa qué quieres hacer con esos pensamientos conflictivos.

1.- Primero recuerda una experiencia recurrente, que te ha causado algún conflicto de tu pasado, ya sea tristeza, coraje, desilusión, etc. Mientras la recuerdas, trata de vivir la experiencia como si la estuvieras pasando en este momento. Métete en la escena y ve todo a través de tus propios ojos. Date cuenta de los sonidos, palabras, tono de voz, si la hay, quiénes están en la escena participando, qué otras sensaciones tienes, que tocas, qué aromas hay, estás tomando algo o comiendo, incluye todos los sentidos en tu experiencia recordada. Date cuenta si sientes todavía el disgusto o el dolor del momento y cómo es.

2.- Estás en la escena, toma una respiración y poco a poco da unos pasos fuera de la escena, como si te desdoblaras, te puedes ver allí en la escena, sin embargo tú yo actual, está fuera de la escena. Ahora imagina la escena donde tú estás, en una pantalla. Mientras haces esto, tus emociones no están involucradas. Tú estás fuera de la escena, simplemente como observador de un evento pasado.

3.- Sigues viendo la pantalla frente a ti y poco a poco, la vas alejando de ti y se va haciendo más pequeña y más pequeña. Los colores se funden unos con otros y las imágenes se hacen imperceptibles. Y mientras se hace más pequeña la pantalla, te das cuenta que las emociones negativas también han disminuido hasta desaparecer. Toma una respiración y relájate.

4.- Ahora con este pedacito de pantalla que redujiste, llévalo a donde quieras: lo puedes meter a tu archivo del pasado bajo llave, o lo puedes llevar a una colina y enterrarlo, o depositarlo en el cráter de un volcán, tú decides qué tan lejos lo depositas.

Con este ejercicio le enseñas a tu mente lo que quieres pensar y lo que quieres recordar. Si en el futuro, aparece este pensamiento, lo que tienes que hacer es: rápidamente, lo pones en la pantalla y lo reduces, en instantes y lo regresas a donde estaba o lo llevas a otro lugar más seguro. Termina con una respiración profunda.

Es importante que inicies el entrenamiento de darte cuenta qué pensamientos tienes. Tu mente, cuando está ociosa, regresa a patrones anteriores y repite lo mismo. Debes estar alerta, para que cada vez que suceda eso, tú dirijas qué hacer con esos pensamientos para sentirte bien. Repetir emociones negativas del pasado, ni te ayudan, ni te engrandecen, ni te motivan. Enséñale a tu mente lo que quieres, hasta que se lo aprenda.